Fotografía tomada por el profesor universitario Antonio Rafael Fernández sobre el monumento que en Nueva York recuerda la redada de homosexuales en Stonewall, legendario local de esa ciudad. EFE /Antonio Rafael Fernández

Los monumentos LGTBI reflejan tragedias y suelen estar apartados, según un experto

Salvador Ruiz I Málaga, (EFE).- En el fenómeno de creación de monumentos públicos sobre el colectivo LGTBI se observa que, en su mayoría, no reflejan logros, sino tragedias, y que se ubican en zonas apartadas de la sociedad, según un experto de la Universidad de Granada (UGR).

Los monumentos aluden a situaciones en las que se mató a estas personas, recibieron palizas o se represaliaron por el franquismo y suelen estar en parques «donde no molestan, no se ven», pero no en espacios céntricos, asegura a EFE el profesor titular de Didáctica de las Ciencias Sociales en la UGR, Antonio Rafael Fernández.

Este experto de Málaga, que es estudioso entre otras cosas del mundo LGTBI, es autor de trabajos como el capítulo ‘Ser homosexual y que te hagan un monumento’, integrado en un libro publicado este año que recoge medio centenar de monumentos de países como Inglaterra, Holanda, Canadá o Estados Unidos.

Sufren continuo vandalismo

Fernández analiza el fenómeno desde que surgió, a finales de los 70 o principios de los 80, hasta la actualidad y, entre las particularidades de esos monumentos, señala que la mayoría están hechos en piedra, granito o bronce porque continuamente sufren vandalismo.

Galardonado recientemente con uno de los premios ‘Imparables’ en su categoría de Investigación, que reconoce luchas por derechos LGTBI y otorga el IES Alfaguar de Torrox (Málaga), este profesor propone invertir la práctica, con reconocimientos en términos positivos por logros.

Ha explicado que la mayoría de monumentos reflejan el símbolo del ‘triángulo rosa invertido’, que viene de la codificación en campos de concentración nazis y que considera barato de hacer, mientras que hay pocos figurativos. Los últimos que se hacen son con la bandera del arcoíris.

Tiene registrados dieciséis monumentos de este tipo en España, en diversas comunidades autónomas, en lugares como Fuerteventura, Sitges, Durango, Barcelona, Marbella, Madrid, Fuengirola, Mérida, Ripollés, Olivenza, Adeje, Rota, Rivas Vaciamadrid o El Grao de Castellón.

Este profesor también hizo trabajos de memoria histórica de LGTBI, entre ellos del mítico Pasaje Begoña, ubicado en Torremolinos (Málaga), declarado ‘Lugar de Memoria Histórica y Cuna de derechos y libertades LGTBI’, que sufrió una redada policial el 24 de junio de 1971 que afectó a 300 personas, de las que 114 se arrestaron al considerarse que atentaron a la moral y buenas costumbres.

Otra lectura del mítico Pasaje Begoña

Sobre ese enclave de Málaga, considera que «se está construyendo una realidad que no se corresponde con lo que es» y aboga por su protección desde las leyes del Patrimonio y no desde las de Memoria Histórica, aunque admite dificultades para ello, por entenderlo «un conjunto patrimonial en pleno franquismo».

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Fotografía tomada por el profesor Antonio Rafael Fernández sobre el monumento que en Nueva York recuerda la redada de homosexuales en Stonewall, legendario local de esa ciudad. EFE / Antonio Rafael Fernández

«Se ha vendido la idea de que se trata del ‘Stonewall de Estados Unidos en España’ y no es cierto», ha reflexionado en referencia al legendario local de Nueva York, donde, a raíz de una redada de homosexuales, nació en 1969 el movimiento por los derechos LGTBI en el mundo, origen del Día Internacional del Orgullo Gay.

Cree que el episodio de Estados Unidos, «mayoritariamente con mujeres trans y negras», originó «una reacción de la población» y «se considera germen de la reivindicación de los derechos humanos a nivel mundial». Mientras sostiene que «el caso de Torremolinos no tiene nada que ver», no se produjo reacción de homosexuales en su momento, sino mucho después, y habla de que más que victoria LGTBI, es derrota.

En esta ciudad de la Costa del Sol «había bares de ambiente, estuvo el primer bar gay de España o el primer bar de lesbianas» y, «cuando se produjo la redada, la Policía se los llevó (a estas personas), se cerraron los bares y el pasaje quedó en deterioro».

Redadas continuas

Ha defendido que «el Pasaje Begoña es importante por otros muchos motivos», ya que precisa que había redadas «continuamente», aunque hubo una «muy fuerte y todas las embajadas de Europa se quejaron al Gobierno de Franco para que (los) soltasen, fue una respuesta en defensa de compatriotas arrestados».

Ha comentado que los locales del pasaje, muchos en el subsuelo, se frecuentaban «mayoritariamente por guiris» y que cuando se estudió a los afectados por las redadas, casi no se localizaron españoles.

Antonio Fernández ha destacado que «Málaga desde los años 70 era un sitio paradigmático porque ya había asociaciones de defensa de los derechos LGTB, que dice mucho de la población» y que «en Torremolinos estaba, en apariencia, esa libertad de la que siempre se habla, pero no dejaba de ser un gueto».

Ha indicado que «se deja como un sitio de libertad»; que «era un barrio de Málaga que estaba retirado», era «una especie de oasis, pero bajo condiciones muy particulares». Que en el contexto de la época «era difícil encontrar en España una concentración de homosexuales tan definida» como la de ese lugar y que contrasta con el campo de concentración de homosexuales de Fuerteventura.

También ha explicado que en Torremolinos hubo transformismo y que le contó una mujer que su abuela tenía una mercería en la ciudad, a la que «continuamente» iban hombres a comprar abalorios, con la excusa de que les habían mandado sus mujeres.

Además, en la zona se desarrolló una cultura muy interesante a nivel de expresiones artísticas: «Ahí sí que fue un sitio de libertad».

Entre los problemas del edificio del pasaje, está la presencia de okupas. EFE