MARZO 1939
Sin éxito en sus gestiones con los cónsules de Inglaterra y Estados Unidos para abandonar España, buscó otra vía. Guiado por los rumores de una posible evacuación desde Alicante, partió hacia el puerto mediterráneo con su mujer, sus cuatro hijos, su nuera y su nieto de ocho meses con la esperanza de embarcar rumbo al exilio.
En el puerto de Alicante, Ortega y su familia se unieron a cerca de 15.000 personas que compartían el mismo objetivo: huir de la represión que se avecinaba sobre los vencidos; pero el 30 de marzo de 1939, la División Littorio de Mussolini ocupó la ciudad y acabó con cualquier esperanza de huida. Ortega intentó negociar con los italianos para declarar el puerto como «zona franca internacional”, pero la llegada de las tropas españolas forzó una rendición incondicional.
La familia de Ortega fue confinada en el campo de concentración de Los Almendros. Ortega ingresó dos días después y sólo pudo reencontrarse con su hijo, porque las mujeres de la familia fueron trasladadas al reformatorio de Alicante. «Le llamaron por los altavoces instalados en el campo para que se presentase inmediatamente al jefe de las fuerzas de ocupación. Mi padre seguía muy entero, sabía lo que le esperaba. Nos dimos un abrazo muy fuerte, muchos besos y nos despedimos. No volví a verle”.
Ortega fue enviado a la Diputación Provincial, mientras que su hijo terminó en el campo de concentración de la Albatera, del que guardó pésimos recuerdos: «Los días transcurrían penosamente, llenos miedo y hambre. Estábamos hacinados y sin apenas espacio para movernos. Como alimento nos daban una sardina de lata para todo el día. Dormíamos al aire libre sobre un suelo húmedo y salitroso, pues el campo se hallaba asentado en unas antiguas marismas».
El hijo de Ortega consiguió escapar del campo de concentración y liberar al resto de su familia gracias a un salvoconducto que le proporcionó una pareja que conoció en el puerto de Alicante. Rodeados de penurias y hambre, lograron subirse a un convoy militar y, tras varios días de viaje, llegaron a Madrid.
El destino de su padre fue muy distinto: encarcelado en el reformatorio de adultos de Alicante, fue juzgado en un consejo de guerra sumarísimo, acusado de ser el responsable de fusilar a 13 militares en San Sebastián, así como de la muerte del capitán de Miqueletes, Dionisio Ibáñez de Opacua, asesinado el 4 de septiembre de 1936 por un miliciano. Su hijo, en busca de venganza testificó contra Ortega, quien, sostiene Barruso, no tuvo ninguna relación con los hechos.
– Idea original, investigación y redacción: Juan José Lahuerta
– Fotografías: Fotos cedidas por la familia de Antonio Ortega; Archivo EFE, Kiko Huesca/Morell; Kutxateka, Fondo Foto Marín/Pascual Marín; Ministerio de Europa y de Asuntos Exteriores de Francia, Centro de Archivos Diplomáticos de Nantes, Madrid. Ministerio de Defensa. Archivo General e Histórico de Defensa (AGHD). Fondo Justicia Militar.
– Audiovisual: Beatriz Naya y María Abad.
– Web: María Abad / Equipo de Desarrollo de EFE
– Apoyo: Contenidos Digitales, Desarrollo y Documentación de la Agencia EFE.
– Agradecimientos: Gabriela Echeverría, Pedro Barruso, David Jorge, Kiko Huesca, Javier López y Álvaro Vivar por su paciencia infinita, dedicación y ayuda.