14 JULIO DE 1939

"MUERO PERDONANDO A TODOS"

El consejo de guerra sumarísimo contra Ortega, explica Barruso, estuvo plagado de irregularidades. De hecho, los nombres de los militares ejecutados en San Sebastián no coinciden con los del sumario, conservado en el Archivo General e Histórico de Defensa de Madrid y consultado por EFE. Para el historiador, el proceso, que también condenó a Ortega por el delito de “auxilio a la rebelión”, fue “una farsa”.

Ortega mantuvo su inocencia hasta el final, pero su destino ya estaba sellado: El 12 de junio de 1939 fue condenado a muerte; el 10 de julio, Franco se dio por «enterado»; y el 14 de julio, se notificó a Ortega que sería ejecutado.

Su familia intentó salvarle. Recurrió al Conde de Romanones, a quien Ortega ayudó al principio de la guerra. Pero como explicó a EFE su nieto, José Ignacio Echeverría, «no hizo nada» por su abuelo. «Quien sí intervino fue Juan Tellería, compositor de ‘Cara al Sol’ y a quien también salvó Ortega. Pero no le hicieron ni caso», agrega Echeverría. 

A las 2 de la madrugada del 15 de julio de 1939, Ortega entró en capilla, redactó una nota para su familia que entregó al capellán junto a una alianza, una medalla y una figura de San Antonio. Esos objetos llegaron a su esposa gracias a la hija del alcalde de Madrid, Rafael Henche de la Plata, también encarcelado en Alicante. A través de un telegrama, ella misma comunicó la noticia de su muerte. La carta de despedida escrita por Ortega en cuatro cuartillas dejó un último mensaje para su esposa e hijos:

"Josefina mía y amadísimos hijos: dentro de unas horas, muy pocas, voy a morir. Muero tranquilo, completamente tranquilo, porque soy inocente. Solo me acucia una pena muy honda, no poderos besar por última vez, pidiéndoos perdón. Josefina mía: perdóname todo lo que te haya podido ofender. Cuida esas hijas y dedicadme siempre, siempre una oración y un recuerdo. La vida es corta y pronto nos veremos en el cielo donde no hay hombres malos. Sé el mal rato que vais a llevar y lo siento con toda mi alma. Muero perdonando a todos; no guardéis rencor a nadie y sed buenos. Dios lo tendrá presente. Hasta la eternidad se despide vuestro esposo y padre que tanto os quiere y ha querido”.

En el sumario consta que murió fusilado junto a otras diez personas, la mayoría jornaleros, y no a garrote vil, como informan casi todos los reportajes sobre Ortega: «Don Francisco Merpell Alarcia, brigada médico de la jefatura de sanidad militar de la 17 división de ocupación en Alicante, certifica: que a las 5 horas del día de hoy ha reconocido el cadáver de Antonio Ortega Gutiérrez fallecido a consecuencia de heridas de arma de fuego”. 

“Nos consta que murió como un valiente, como lo que había sido toda su vida. Se dirigió a los soldados que formaban el piquete de fusilamiento, diciéndoles que iban a matar a un inocente y que estaba seguro que la sangre que ahora se vertía, ahogaría en el futuro a los que se empecinaban en derramarla. Termino diciendo: ‘Apuntad bien, soldados. ¡Viva la República!”, narra su hijo.

Exactamente 86 años después de aquella ejecución, su familia aún recuerda a Ortega. Su hijo Antonio esquivó las represalias y se quedó en España, igual que su hermana Josefina. La pequeña, Amalia, se enamoró de un pelotari y emigró a México, donde más tarde la seguirían su madre, Josefina, y su hermana mayor, Conchi.  

Sus descendientes consideran que la historia fue injusta con Ortega y reivindican su figura con orgullo tras las investigaciones que revelan que protegió a cientos de personas del bando contrario. 

“Se me pone la carne de gallina porque son cosas que no conocía. Para mí era un buen hombre que quería mucho a sus hijas y a su mujer que fusilaron en la guerra después de haber peleado. Todo esto me conmueve mucho”, cuenta Echeverría.

La familia de Ortega pelea por encontrar y exhumar sus restos, un proceso frustrado por barreras burocráticas, políticas y económicas, tal y como informa a EFE la Asociación de Familiares Represaliados por el Franquismo del Cementerio de Alicante.

Amalia y Antonio trabajaron con empeño para localizar a Ortega, enterrado en una fosa común del Cementerio de Alicante. Amalia, quien falleció en 2022 con casi 100 años, no tuvo tiempo de ver cumplido su deseo: sepultar a su padre en la cripta familiar de Ciudad de México. Antes de morir, dejó una muestra de ADN para facilitar su identificación cuando los restos sean finalmente recuperados.

«Aunque sean unos huesos, porque no va a haber otra cosa y soy consciente, se pueden cremar y traerlos aquí (a Ciudad de México) y ponerlos junto a todos. Tengo un nicho en una iglesia. Ahí están mis hermanas, mi madre, mi marido y mi hija», afirmó Amalia Ortega en una entrevista inédita a la que tuvo acceso EFE. 

Los descendientes de Ortega acumulan una espera de 86 años para recuperar sus restos. Su deseo es honrar la memoria de un hombre que salvó cientos de vidas durante la Guerra Civil y que, para ellos, es mucho más que «el presidente comunista del Madrid». Antonio Ortega es el recuerdo inolvidable de una familia que quiere que su memoria no caiga en el abismo del olvido para descansar en paz.

Agencia EFE

Idea original, investigación y redacción:  Juan José Lahuerta
Fotografías: Fotos cedidas por la familia de Antonio Ortega; Archivo EFE, Kiko Huesca/Morell; Kutxateka, Fondo Foto Marín/Pascual Marín; Ministerio de Europa y de Asuntos Exteriores de Francia, Centro de Archivos Diplomáticos de Nantes, Madrid. Ministerio de Defensa. Archivo General e Histórico de Defensa (AGHD). Fondo Justicia Militar.
Audiovisual: Beatriz Naya y María Abad.
Web: María Abad / Equipo de Desarrollo de EFE
Apoyo: Contenidos Digitales, Desarrollo y Documentación de la Agencia EFE.
Agradecimientos: Gabriela Echeverría, Pedro Barruso, David Jorge, Kiko Huesca, Javier López y Álvaro Vivar por su paciencia infinita, dedicación y ayuda.

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