Las Palmas de Gran Canaria (EFE).- Los grandes incendios forestales derivados del cambio climático son de tales proporciones que los equipos de extinción no pueden apagarlos, por lo que la lucha contra el fuego debe incluir nuevas medidas que incluyan el paisaje.
«Se ha avanzado mucho en extinción y tenemos los medios adecuados, pero hemos llegado al límite de la capacidad de extinción, y vienen décadas muy duras», ha alertado el técnico de la Consejería de Medio Ambiente del Cabildo de Gran Canaria Didac Díaz.
Los grandes incendios forestales han dejado de ser algo excepcional en Gran Canaria, que ha sufrido nueve grandes incendios forestales en los últimos veinte años que han carbonizado más de más de 32.000 hectáreas.
Los ciudadanos pueden ayudar a que el fuego no queme su vivienda con medidas como evitar la acumulación de restos de poda, limpiar de hojas azoteas y tejados y podar los árboles y mantenerlos separados unos de otros, ha destacado el técnico del Cabildo de Gran Canaria.
Asimismo, deben evitar cortinas y toldos cerca de las ventanas, apilar la madera lejos de la vivienda o enterrar las tuberías de polietileno de los terrenos para evitar que hagan de conductores del fuego en caso de incendio, entre otras acciones.
Sin embargo, estas medidas son insuficientes contra los grandes incendios forestales, que se propagan muy rápido, por lo que es necesario crear obstáculos que impidan su avance, lo que se denomina «paisaje mosaico», ha destacado el técnico.
En un paisaje mosaico conviven campos cultivados, huertas, sembrados, pastos y diferentes tipos de bosques, y cada una de estas piezas pone obstáculos al fuego, que se propaga más lentamente y es más fácil de apagar.
Cada vez que el fuego encuentra un campo de cultivo o una vegetación diferente tiene que cambiar de comportamiento, y eso lo frena o lo ralentiza, lo que da oportunidad a los servicios de extinción de sofocarlo, aseguran los técnicos el Cabildo.

En el paisaje mosaico son fundamentales las actividades agrícolas, ganaderas y forestales para lograr un paisaje diverso.
Cada campo cultivado, por ejemplo, es un cortafuegos, los campos arados frenan el avance de las llamas y sirven a los servicios de extinción como lugar para anclar las maniobras y como lugar seguro.
Las zonas con viñas, al estar aradas, sirven para parar el fuego, de forma que son habituales las imágenes de zonas quemadas donde se ve todo calcinado, excepto los viñedos.
Asimismo, las cabras, ovejas, vacas o burros se encargan de mantener la vegetación a raya, de forma que al fuego le cuesta mucho propagar en las zonas pastoreadas.
En los cauces de barranco que mantienen la humedad, como los bosques húmedos y sombríos como laurisilva, el incendio se reduce.
También es importante que los bordes de carreteras, caminos y pistas estén limpios de vegetación para que las vías de evacuación sean seguras.
Además, al reducir la vegetación, sirven como cortafuego y como lugar de actuación de los bomberos forestales.
Los pueblos rodeados por campos cultivados y bosques de especies agroforestales (almendreros, castañeros, nogales, higueras y otros) son muy resistentes a incendios, indica el Cabildo de Gran Canaria. EFE