Santander, 21 ago (EFE).- El folclore sigue vivo en Cantabria y tiene relevo generacional, gracias a festivales e iniciativas musicales que retoman la música popular regional y la mantienen o la renuevan, si bien el reto es seguir conservándolo y no dejar que muera.
Con motivo del Día Mundial del Folclore, que se celebra mañana, 22 de agosto, EFE ha hablado sobre música popular, cantos, danzas e indumentaria regional con Irene Atienza, del dúo Casapalma, y con Aurelio Vélez, del Colectivo Brañaflor, que desde hace 16 años recoge ese acervo y lo da a conocer.
La cantante Irene Atienza, del dúo cántabro Casapalma, que mezcla las canciones populares cántabras, las montañesas, con la electrónica, explica a EFE que tanto en el folclore tradicional u ortodoxo como en las nuevas propuestas «hay relevo generacional».
«Hay muchos chavales jóvenes que siguen cantando tonada, que no es para nada mayoritario, pero yo sí que veo que hay chavales que siguen cantando y hay niñas que están aprendiendo a tocar. Y en el nuevo folclore hay mucha gente joven aproximándose a eso y formando grupos», asegura en una entrevista telefónica.
Atienza define su proyecto, que comparte con Yoel Molina, como un «puente entre el pasado y el presente» con el que retoman canciones antiguas que han sido conservadas a través de la tradición oral pero «vestidas de una ropa de hoy», mezclándolas con música urbana, electrónica y demás estilos contemporáneos.
«Nuestra misión con Casapalma es intentar que no se pierdan esas canciones y que la gente consiga conectar con ellas, que son tan ricas en letras y armonías, para que en el futuro se sigan conociendo», resalta.
Apostar por las raíces
Si bien en otras comunidades, como Galicia o Asturias, con propuestas como la de Tanxungueiras o Rodrigo Cuevas, «hace más de 20 ó 30 años que se está investigando en el folclore con otras músicas», en Cantabria todavía no había habido ninguna iniciativa que siguiera esa línea.
«El flamenco hace muchísimo tiempo que la gente lo fusiona con cosas electrónicas y está supervivo, y en Galicia o Asturias bastante… A nivel nacional, lo de apostar por las raíces en folclore, la primera que lo hizo de esta nueva ola fue Rosalía», señala la cantante.

Además, en la actualidad hay muchos festivales de música tradicional, destaca Atienza, que, aunque tradicionalmente incluyeran sólo propuestas más populares y tradicionales, se están abriendo a las nuevas iniciativas y maneras de explorar el folclore.
«Hay un circuito enorme de festivales, tanto de folk como de músicas del mundo, que ponen mucho en valor la música de raíz. Nosotros hemos viajado a varios sitios», añade.
Con Casapalma, el dúo «pone Cantabria en el mapa» para «seguir esa línea de traer el folclore a la actualidad y de modernizarlo».
Porque más allá del flamenco, hay folclores que han sido «menos celebrados o reivindicados y que son muy verdaderos también», destaca.
No dejar que muera
Por su parte, el Colectivo Etnográfico de Brañaflor lleva desde 2009 investigando y recogiendo los bailes, canciones y vestimenta tradicionales de distintos pueblos de Cantabria para analizarlo y llevarlo al escenario y a las calles.
«Una vez lo montas en un escenario pierde un poco la esencia y la pureza, porque todo lo que son bailes y danzas realmente donde tienen un poquito de sentido es en el contexto en el que se dieron», explica Aurelio Vélez, su creador, a EFE.
El folclore cántabro vuelve a interesar a la gente más joven, asegura, y el hecho de llevarlo a la calle, como hace el colectivo, y «desvincularlo de los escenarios», ayuda a la gente a «identificarlo como propio».
«El folclore se vuelve a utilizar para lo que se utilizaba antes, para socializar y pasarlo bien, entre otras cosas. Eso es lo que a la gente joven le ha gustado, porque es un momento de encuentro con otras personas a las que les gusta lo mismo», destaca.
Vélez asegura que no se puede dejar que el folclore muera porque es parte del patrimonio y la cultura de la región, «la cultura de la gente pobre, de la gente que no sabía leer ni escribir».
«Es de donde venimos, y si lo dejamos perder, porque ya quedan las últimas generaciones que lo vivieron, se va a quedar en el olvido para siempre», lamenta.