El escritor José Ángel González Sainz, autor de "Por así decirlo", su último libro.EFE/Marta Pérez/Archivo

González Sainz explora las relaciones entre el lenguaje y el poder en «Por así decirlo»

Roberto Jiménez | Valladolid (EFE).- Llanas pero también sinuosas, las palabras pueden construir una lengua decidera, aquella que nombra las cosas tal como son, o camuflar la realidad a través de una semántica infecta de la que abomina el escritor José Ángel González Sainz y que denuncia en su último libro, «Por así decirlo» (Anagrama).

«Trato de afrontar el problema del lenguaje como lo más extraordinario que tiene el ser humano, por su capacidad de crear belleza, a la vez que sus posibilidades de crear elementos perniciosos que arrastran a las sociedades a los peores derroteros», ha explicado e una entrevista con la Agencia EFE.

El escritor soriano José Ángel González Sainz, autor de «Por así decirlo», su último libro.EFE/Marta Pérez/Archivo

La perversión del lenguaje

Con frecuencia existe «una utilización del lenguaje y de los discursos para construir imaginarios que llevan a la sociedad de un sitio a otro», una perversión y manipulación de constante actualidad aunque existe desde el principio de los tiempos, como constata González Sainz (Soria, 1956) desde la portada de su última entrega.

Ya lo deja sentado desde la fotografía que ilustra la portada de «Por así decirlo» este escritor de escritura paciente, meditada, analítica y simbólica también a través de novelas y relatos como los cuatro que enhebran este libro, una suerte de «caprichos, disparates o divertimentos» traspasados de un humor grave, a modo de aviso o de advertencia sobre dónde nos encontramos.

Preámbulo de piedra

Esa imagen es uno de los capiteles del baldaquino de la iglesia del monasterio de San Juan de Duero, en Soria, donde Gonzaléz Sainz reside tras una larga etapa en Venecia como profesor de literatura (1982-2015). En la capital soriana fundó e imparte clases de lengua y cultura españolas en el Centro Internacional Antonio Machado (CIAM).

«Es el preámbulo del libro», afirma sobre el capitel donde Mefistófeles susurra al oído de Herodes, coronado y con espada en diestra, la conveniencia de la matanza de los Santos Inocentes, que el poderoso medita mesándose la barba.

Representa la «servidumbre al poder desde el punto de vista del aplauso al poderoso», una sumisión contra la que González Sainz se rebela y expone «para que el lector pueda realizar su propia interpretación».

«Las cosas han dejado de tener que ver con sus nombres y a cualquier cosa se le puede llamar de cualquier modo», analiza el autor por boca de uno de sus personajes.

Relaciones degradadas

En estos relatos subyace también «la degradación de las relaciones humanas y de las instituciones que rigen la vida colectiva», ha añadido este escritor que se dio a conocer con «Un mundo exasperado» (Premio Anagrama de Novela 1995) y fue galardonado, entre otros, con el Premio Castilla y León de las Letras 2007.

«Son cuatro piezas, cuatro caras de un mismo paralelepípedo en cada una de las cuales trato de afrontar cuestiones que me preocupan especialmente», ha resumido sobre una narraciones en las que reconoce herencias de la ironía avisadora de Cervantes, de los caprichos esperpénticos de Goya y el mundo del absurdo de Kafka y Pirandello.

En todas ellas «he intentado utilizar el humorismo de una forma muy seria, es una de las bazas narrativas que a veces he utilizado con un humor, blanco o negro, pero a un nivel fuerte de ficción», ha apostillado el también autor de las novelas «Volver al mundo» (2003) y «Ojos que no ven» (2020), y de los relatos contenidos en «El viento en las hojas» (2014). EFE