Valladolid (EFE).- La memoria de las once Cáritas Diocesanas de Castilla y León del 2024 deja una ligera bajada en personas atendidas, con 62.000, unas 3.900 menos que en 2023, y 102.000 beneficiaros, 16.175 menos, con unas 9.000 en situación de exclusión, de ellas 5.104 sin hogar, un dato que por contra anota una leve tendencia ascendente.
El empleo, la lucha contra la exclusión o la vivienda se cuelan una memoria más como retos de una sociedad más fraterna, según los datos que han detallado ese viernes en rueda de prensa el arzobispo de Valladolid, Luis Argüello, el presidente de Cáritas de Castilla y León, Guenther Eduardo Boelhoff, y el secretario autonómico, Ignacio Ruiz.

Menos personas atendidas que en el 2023
El informe constata que en el 2024 Cáritas atendió a menos personas, por la recuperación económica en general que se empieza a percibir, las ayudas que permiten aliviar un poco esa precariedad, y por una forma distinta de afrontar la vulnerabilidad y la pobreza, con procesos más largos y menos asistencialistas, ha explicado Guenther Eduardo Boelhoff.
Habrá que esperar a ver si es descenso se convierte en una tendencia en la bajada de la pobreza en la comunidad, que no tiene una foto, sino muchas, entre las que destaca «la de la feminización de la pobreza», con más de mil mujeres que han participado en programas de Cáritas del 2024, y donde es significativo también que «no hay que banalizar la realidad de trata de mujeres y la prostitución», ha alertado el presidente autonómico de Cáritas.
Cáritas cuenta con 494 lugares de acción repartidos por pueblos, barrios y ciudades, desde los que los equipos tejen vínculos, acompañan procesos de vida y sostienen espacios que promueven una sociedad más justa, acogedora y solidaria.
Los migrantes, también voluntarios de Cáritas
El secretario autonómico de Cáritas ha explicado que las actuaciones del 2024 han sido posibles gracias a la inversión de más de 47 millones, destinados a sostener proyectos que acompañan, alivian y transforman vidas; y sobre todo, ha sido posible gracias al compromiso de 3.630 personas voluntarias, con una aportación «llamativa de los migrantes, que «acuden a ayudar y no a ser ayudados», y al trabajo de 1.127 técnicos.
En 2024, las Cáritas Diocesanas de Castilla y León atendieron a 11.317 personas a través de sus programas de empleo, con una inversión global superior a los 8 millones.
A través de la orientación laboral, la formación adaptada y la mediación con empresas, personas que llegan con historias de precariedad, exclusión o desánimo, encuentran en este proceso una oportunidad real de reconstruir su proyecto vital, ha explicado Ruiz; quien ha detallado que una pieza clave son las siete empresas de inserción social promovidas por las Cáritas en la comunidad.
Desde la hostelería hasta la jardinería, pasando por el sector textil o la reutilización, estos proyectos empresariales no solo generan empleo digno, sino que se convierten en auténticos espacios de oportunidad para muchas personas en Castilla y León.
El sinhogarismo
El informe incide además en el problema de la exclusión social, situación en la que personas o colectivos quedan al margen de los recursos, oportunidades y derechos que permiten una vida digna, y que deja que en el 2024 más de 9.000 personas acudieron a las Cáritas de Castilla y León en esas situaciones.
Uno de los programas más relevantes en este ámbito es el de personas sin hogar, que atendió a 5.107 personas —el más numeroso de los tres programas de exclusión junto a los de reclusos y exreclusos (1.401 atendidos) y situaciones de salud mental, adicciones o sida (2.746).
«Salir del sinhogarismo supone afrontar y sostener procesos largos, complejos, dfíciles, donde los voluntarios favorecen las relaciones más humanas y significativas que refuerzan el valor de Comunidad», ha explicado Ruiz, quien ha incidido en que muchas de las personas sin hogar atendidas por Cáritas son muy jóvenes.
Además, Cáritas ha seguido estando al lado de quienes se enfrentan a las fronteras más duras de la exclusión como son la migración, la emergencia y la falta de vivienda, según recoge la memoria. EFE