Vista del edificio precintado de la calle Canigó cuando se cumple un año del derrumbe del edificio de esta calle de Badalona (Barcelona) que causó tres muertos y obligó a evacuar otros cinco inmuebles. EFE/Marta Pérez

Un año del derrumbe de Badalona: miedo entre puntales y preocupación para pagar las obras

Sergi Ill

Badalona (Barcelona) (EFE).- Carmen y Francisco viven desde hace casi un año con puntales aéreos en casa, instalados tras el derrumbe mortal en Badalona, con sentimientos que basculan entre el miedo a otro colapso y la angustia por cómo pagarán las obras de refuerzo, según han explicado a EFE.

El matrimonio de Badalona se encuentra en un piso que es de su hijo, ubicado en la calle Ausiàs Marc, uno de los que tuvo que ser apuntalado tras las revisiones llevadas a cabo por una empresa contratada por el ayuntamiento semanas después de que el hundimiento de un edificio costara la vida a tres personas.

Aspecto de un piso apuntalado de la calle Canigó. EFE/Marta Pérez

La mañana del 6 de febrero

La mañana del 6 de febrero de 2024 el edificio número 9 de la calle Canigó de Badalona se derrumbó parcialmente al producirse un colapso en la estructura, lo que acabó con la vida de tres personas: una mujer que vivía sola, una madre con dos niñas sin familia en España y un padre treintañero con un bebé de un mes.

El grave suceso no terminó ahí, sino que obligó a desalojar varios inmuebles que forman parte de la misma promoción que el derruido, en la manzana de casas que forman las calles Canigó, Llefià y Ausiàs Marc, durante las semanas posteriores, al detectarse daños en la estructura y riesgo de colapso.

La empresa revisó los más de 400 inmuebles de la promoción, y obligó a apuntalar cerca de 300, tras lo que pudieron volver la mayoría de vecinos que habían sido desalojados, no así las casi cuarenta familias de los números 9 y 7 de Canigó -el que se hundió y el adyacente-, que siguen sin sus casas.

Después de un año, el Ayuntamiento de Badalona pide al Instituto Catalán de Finanzas (ICF) que ofrezca a los propietarios de los pisos créditos blandos que les ayuden a afrontar las reformas estructurales que requieren sus casas, al tratarse de una situación excepcional.

Vista de un local apuntalado vecino al edificio precintado de la calle Canigó. EFE/Marta Pérez

Sensación vecinal de abandono

Mientras, los vecinos de la zona siguen con sus vidas, entre el miedo, la resignación y una cierta sensación de abandono, en una calle que, a diferencia de hace un año, con todo el despliegue de emergencias y la prensa, ha recuperado su tranquilidad habitual, sin exceso de tráfico ni afluencia de peatones.

Sobre cómo viven esta situación, Carmen confiesa que tener unos puntales de madera sobre su cabeza le genera ansiedad, y que incluso ha tenido que empezar a tomar pastillas, aunque con el paso del tiempo comienza a adaptarse, y eso que inicialmente afirma que les dijeron que la situación sólo duraría meses.

«Tengo mucho miedo, porque nada más que oigo un ruido ya estoy a mi marido: ¿esto qué es? Y si es muy fuerte ya me estoy levantando y mirando al techo», ha explicado la mujer, que también ha detallado que algunos vecinos de la zona han optado por irse ante el temor que les genera vivir entre puntales.

En cuanto a Francisco, ha cifrado en «20.000 euros para arriba» el coste aproximado que tendrá que afrontar cada vecino para llevar a cabo las obras, un gasto que considera inasumible para un matrimonio que, como ellos, vive de su pensión. EFE