Luis Lorente Codorniú, hijo del guardia de asalto republicano Francesc Lorente, sostiene la célebre fotografía de Agustí Centelles sobre la Guerra Civil que inmortalizó a su padre. Foto cedida por la familia.

El nieto de un guardia republicano condenado en 1939 pide su rehabilitación como policía

Barcelona (EFE).- Los descendientes de Francesc Lorente, guardia de asalto republicano que fue inmortalizado en una célebre fotografía de Agustí Centelles sobre la Guerra Civil, han pedido al Gobierno que anule la sentencia que en 1939 lo condenó a prisión por su lealtad a la República y lo rehabilite como policía.


Daniel Lorente, nieto de Francesc, es quien ha iniciado ante la Secretaría de Memoria Democrática los trámites para pedir la anulación del Consejo de Guerra que condenó a su abuelo, 86 años después del juicio sumarísimo por auxilio a la rebelión en el que fue sentenciado a doce años de cárcel, según ha explicado en declaraciones a EFE.


Francesc Lorente, nacido en Tortosa (Tarragona) en 1910, fue protagonista de una de las icónicas imágenes con las que el fotoperiodista Agustí Centelles retrató los enfrentamientos en Barcelona en julio de 1939, tras el golpe de Estado de Franco: tres guardias de asalto de la República con sus fusiles al hombro, parapetados tras dos caballos muertos, en la calle Diputació.

Condenado en un Consejo de Guerra


Lorente, que como guardia de asalto ejercía de chófer de funcionarios locales, fue detenido en mayo de 1939, en las postrimerías de la contienda, y condenado a doce años y un día de prisión en un Consejo de Guerra que se celebró en Tarragona en agosto de 1939.


«Se le acusó de trasladar a funcionarios para reclutar a jóvenes para engrosar las listas bolchequives y que lucharan en el bando republicano. No tenía delitos de sangre y por eso no fue condenado a pena de muerte», explica su nieto.


Cumplió condena en la prisión de Reus (Tarragona) hasta julio de 1941, cuando fue excarcelado por buen comportamiento, y en 1946 la Capitanía General le concedió el indulto.

La familia invoca la ley de memoria democrática


En su solicitud, presentada ante el Ministerio de la Presidencia, el nieto de Lorente invoca la ley de memoria democrática para reclamar no solo la anulación del Consejo de Guerra que lo condenó, sino también que sea «restaurado y reconocido su empleo como policía» y se le «ascienda en rango», dado los «valores democráticos que defendió en un momento conflictivo», según el escrito, al que ha tenido acceso EFE.


En paralelo, Daniel Lorente ha remitido un escrito a la Delegación del Gobierno en Cataluña en el que pide la «plena rehabilitación» de su figura por parte de las autoridades catalanas, lo que supondría además un «reconocimiento a toda la historia de las fuerzas policiales destinadas a Cataluña, tanto en el pasado como en la actualidad».


Esta semana irá con su padre, de 82 años, para entregar personalmente otra carta al secretario de Estado.

Una familia marcada por la represión



Daniel Lorente razona que esa rehabilitación supondría un reconocimiento a los familiares de Francesc, que tras su condena sufrieron «las consecuencias de la represión» y fueron «señalados y menospreciados» por su parentesco con una persona que se había limitado a «defender la legalidad vigente».


«Cuando mi abuelo salió de la cárcel lo pasó francamente mal: perdió su condición de guardia de asalto y lo señalaron como rojo», cuenta su nieto.

Un drama familiar


La historia esconde también un drama familiar: durante el encarcelamiento de Francesc, su esposa huyó a Francia, como tantos catalanes durante el franquismo, y, en el trayecto, el vehículo en el que iba con sus dos hijos fue atacado por la aviación franquista y volcó. «Era febrero y uno de los niños cogió frío y acabó muriendo poco después en Francia», recuerda.


La mujer volvió a España y se dedicó al estraperlo. «Iba desde Tortosa hasta Alcañiz (Teruel) y, como era guapa e inteligente, dicen que engatusó al jefe de la estación de Alcañiz para que no la pillaran. Cuando mi abuelo salió de la cárcel, esto llegó a sus oídos y decidió romper la relación con mi abuela. No había divorcio, pero dejaron de convivir poco después de que naciera mi padre», explica Daniel Lorente.


Francesc Lorente trabajó después como chófer y asistente personal del marqués de Santa Coloma, y vivió en Tortosa hasta su muerte en 1978, con 68 años. EFE