David Álvarez | Girona (EFE).- La directora del Bòlit Centro de Arte Contemporáneo de Girona, Ingrid Guardiola, es una doctora en Humanidades que, como ensayista, acaba de publicar ‘La servitud dels protocols’, un repaso a las redes sociales en el que afirma que han llevado «la lógica del concurso a todos los ámbitos de la vida».
El libro, publicado por la editorial Arcàdia, desgrana como los entornos digitales son los que modulan la actividad humana en la actualidad y empujan a las personas a competir en la arena virtual.
En una entrevista con EFE, esta investigadora cultural y realizadora audiovisual, referencia en el campo de las relaciones sociales en el universo digital y que ha anunciado que próximamente dejará su cargo al frente del Bòlit, lleva el caso de la imposición del concurso a situaciones como las de encontrar trabajo o pareja.
«Y el concurso tiene dos aspectos, la competitividad, que nos convierte a todos en rivales, y la ludificación, que lo vuelve todo un juego, pero el juego es peligroso, porque desdibuja los riesgos y las consecuencias», puntualiza.
Evaluados permanentemente en las redes
Las redes, según explica, han acostumbrado al individuo a votar cada día en las diferentes plataformas, a valorar, «algo que no pasaba antes tan a menudo en el espacio público».
«Todo el tiempo estamos en procesos de auditorías difusas», indica y precisa que todo esto deriva en que, en las elecciones políticas, se vota «sin pensar en las consecuencias, aunque también hay un voto punitivo, porque hay mucha decepción».
Ese malestar del ciudadano se cuece «mucho» en las redes en opinión de Ingrid Guardiola, quien señala que «la extrema derecha dibuja un contrato social muy antisocial en el que se prioriza el individualismo, el sálvese quien pueda».
Sin ese contexto y el apoyo de Elon Musk, «un caso como el reciente de Zelensky y Trump sería impensable, no es imaginable en plena guerra fría, donde había una diplomacia y unas relaciones públicas muy diferentes».
«Trump ya dijo que habían generado un muy buen show televisivo», recuerda Guardiola, que aboga por emplear el término plataformas sociales frente al de redes.
En las redes se ha pasado de ágora pública a solo métrica y algoritmos
Detalla que, hasta el 2015, éstas funcionaban como un ágora pública, pero después entró la métrica y los algoritmos de predicción, «con lo que la conversación se volvió más antinatural y se priorizaron los post promocionales y la polémica».
Entiende que las redes son ahora plataformas al tratarse de grandes infraestructuras que se basan en la circulación y, después, compraventa de datos.
«No son solo espacios para la conversación, sino que son de servicios», describe y vuelve a poner un ejemplo, en este caso el de Blued, «una plataforma para ligar dirigida a un público gay, pero que sirve también para hacer transferencias bancarias y otras gestiones de la vida ordinaria».
Continúa con más casos, como el de que «ChatGPT se ha convertido en un buscador», antes de reconocer que ha cerrado casi todas sus redes, aunque mantiene X pese a que se ha apuntado a Bluesky y también cuenta con Whatsapp y Telegram.
Malestar de la sociedad
De vuelta al malestar de la sociedad, asegura que «la intranquilidad de la masa despierta a los mercados y acelera formas de consumo como son los estupefacientes o las redes, donde se encuentran microdosis de recompensa, así que está alimentada por las plataformas».
La máquina, de todos modos, no es la culpable, «porque antes que la tecnología está la psicología humana y la atracción hacia lo morboso».
«La morgue, en los siglos XVIII y XIX, era uno de los sitios más visitados y también existían los espectáculos de frikis para señalar que, «en virtud de ello, las plataformas alimentan el ciberanzuelo».
El peso del algoritmo en las redes
Su análisis pasa por que «los algoritmos segmentan, pero sin una cara delante no habría polarización, hacen falta influidores y políticos que capitaneen toda esta modulación algorítmica».
Otro ejemplo que cita es el de la formación independentista de ultraderecha Aliança Catalana y denuncia una creación del pánico social a través de la «demonización del migrante como si fuese escoria, hay un proceso de animalización constante».
Todo ese mensaje en superficie, «después, el algoritmo lo ofrece como contenido al usuario en su momento máximo de vulnerabilidad, sabe cuando ponérselo en bandeja».
Deja en todo caso al acabar un mensaje optimista desde el convencimiento de que hay una fecha de caducidad para todas esta tecnologías, porque crecimientos exponenciales como los experimentados por las inteligencias artificiales desde 2022 son «insostenibles a largo plazo, el sector público tiene que estar». EFE