Barcelona (EFE).- La crisis arancelaria empuja al sector agroalimentario catalán a reforzar su apuesta por mercados como el asiático y el suramericano, manteniendo al mismo tiempo el propósito de no perder «ni un cliente» en Estados Unidos, ha subrayado en una entrevista con EFE el conseller de Agricultura, Òscar Ordeig.
Los productos agroalimentarios, que representaron 558 millones de euros en exportaciones a EE.UU. el año pasado, están entre los más sensibles a alteraciones geopolíticas como la guerra comercial iniciada por el presidente Donald Trump, pero puede adaptarse a unos aranceles del 10 % como los que va a mantener Washington durante 90 días mientras negocia con la Unión Europea (UE), señala Ordeig.
«Lo más importante es no perder el canal de comercialización», afirma el conseller, que admite que «habrá dificultades» y asume que tanto productores locales como importadores se verán obligados a estrechar márgenes.

Nuevas ventanas de oportunidad
Al mismo tiempo, el convulso escenario global abre nuevas «ventanas de oportunidad», la primera de ellas el comercio con China, un país que va a «necesitar muchos aliados».
Vietnam, Emiratos Árabes, Canadá, India y, en un futuro, África, pueden ser también destinos para las exportaciones que absorban parte de los flujos que iban hacia Estados Unidos y queden cortados o reducidos.
«Si un mercado se cierra, todos tienen que buscarse la vida, y eso también es una oportunidad. El problema de vender a Estados Unidos lo tiene todo el mundo. No es que se nos cierre a nosotros mientras otros pueden entrar», reflexiona el conseller.
Ordeig subraya que, aunque las reglas del juego vayan a cambiar, Estados Unidos sigue necesitando al resto del mundo y Cataluña mantiene su voluntad de comerciar con el país.
«Nos hemos adaptado a todo lo que ha ido ocurriendo hasta ahora y nos adaptaremos a lo que venga», recalca Ordeig, que incide en que las ayudas diseñadas por la Generalitat están pensadas para adaptarse a la «realidad» de cada empresa ante el nuevo escenario.
El responsable de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación destaca asimismo la necesidad de que los productores catalanes no renuncien a la «calidad y la excelencia» si están pensando en abrirse a nuevos mercados.
«Tenemos un país multiproducto, pero con poca producción», porque no existen grandes extensiones de terreno ni monocultivos que permitan competir con volúmenes a bajo coste, señala.
Consumo de proximidad como pilar comercial
El conseller pide al mismo tiempo poner en perspectiva el peso de las exportaciones a Estados Unidos, que representan el 3,55 % de los 15.727 millones del volumen total de ventas al exterior del sector agroalimentario.
El mercado prioritario de la producción local es Cataluña, seguido por el resto de España y después Europa.
La Generalitat quiere aprovechar la necesidad de buscar canales de venta alternativos para fortalecer el consumo de producto de proximidad entre la población local.

«Los consumidores catalanes deben poner en valor (nuestros productos), no puede ser que no les importe si vienen de aquí o de la otra punta del mundo», sostiene.
Entre otras medidas, el Govern está tramitando una ley que obligará a administraciones públicas, hospitales, escuelas, ayuntamientos y otros organismos a garantizar que las compras de alimentación alcanzan como mínimo un 50 % de productos locales.
El esfuerzo pedagógico debe contribuir a reequilibrar la balanza comercial: «Los pequeños gestos marcan la diferencia», afirma Ordeig.
Ayudas y soluciones
El Govern ha movilizado 1.500 millones de euros para defender los intereses de las empresas catalanas ante la guerra comercial, de los cuales 300 millones están enfocados especialmente a ayudas y subvenciones al sector agroalimentario, con especial atención al aceite y al vino.
También se dedicarán recursos a impulsar la promoción internacional de empresas catalanas y fomentar la «multilocalización» empresarial, con ayudas que pueden cubrir hasta un 50 % de los costos de implantación en nuevos mercados.
Ordeig enfatiza además que es imprescindible en estos momentos la unidad institucional: «Aquí tenemos que ir todos a una, porque esto es bastante grave. Cuando los catalanes vamos a una no nos para nadie, pero cuando vamos divididos no podemos salir de casa», sostiene. EFE