Varias personas observan la falla de la Plaza del Pilar de València. EFE/Manuel Bruque

Las Fallas de València se disfrutan con los cinco sentidos

Mónica Collado | València (EFE).- Las Fallas de València se disfrutan con los cinco sentidos: seas fallero o visitante que quiere vivir la fiesta valenciana por antonomasia, ves luces y monumentos, hueles pólvora y comida callejera, oyes música y estruendo pirotécnico, tocas los petardos para dispararlos y degustas el chocolate con buñuelos o churros.

Vista

La vista es uno de los sentidos más utilizados en Fallas porque no se puede disfrutar de la fiesta sin ir a ver los monumentos falleros en cada rincón de la ciudad, pero especialmente el recorrido por los de la Sección Especial que compiten cada año en diseño y espectacularidad junto con la innata ironía y crítica de sus ninots.

Tampoco puede faltar dar una vuelta por las mejores calles iluminadas, que concursan en esta especialidad con sus entramados y montajes de luces LED cada vez más sostenibles e innovadores, que convierten la noche en día. Además, un paseo por la noche fallera te descubre cómo las luces son un reclamo más de la fiesta por toda la ciudad.

También supone un deleite para la vista los castillos de fuegos artificiales y la «Nit del Foc», el espectáculo pirotécnico más emblemático de las fiestas, que durante unos veinte minutos llenan de luz, la madrugada del 19, el cielo de València con los efectos de los diferentes artefactos que se utilizan.

La tradicional Ofrenda de Flores es el acto más multitudinario de las Fallas, un recorrido por las calles más céntricas de la ciudad donde falleras, falleros y músicos llevan flores a la Virgen de los Desamparados, patrona de la ciudad y conocida cariñosamente como «Geperudeta». La vistosidad de los trajes de fallera y las ofrendas florales son otro placer para los ojos.

Un operario prepara una línea de «masclets » (petardos de gran tamaño) en la plaza del Ayuntamiento de València. EFE/Manuel Bruque

Olfato

Lo primero que nota la nariz cuando se pone un pie en València durante sus Fallas es el olor a pólvora. Los petardos disparados por doquier, las multitudinarias mascletaes en la plaza del Ayuntamiento y los castillos nocturnos impregnan el ambiente de esta típica fragancia.

También la comida callejera deja su impronta especial en la atmósfera valenciana estos días de fiesta, con puestos en cada rincón, entre los que destacan las chocolaterías con buñuelos de calabaza y churros en sus diferentes versiones. En el lado negativo, el olor a fritanga del aceite reutilizado en las cocinas en la calle.

El olor a las flores en la Ofrenda es un goce olfativo que no pasa desapercibido a los que acuden a las Fallas.

Varios músicos tocan por las calles de València a su paso por una de las múltiples fallas que ocupan la ciudad. EFE/Kai Försterling

Oído

La música es el alma de las Fallas, el maridaje perfecto para cualquier acto fallero, al que acompañan bandas que llegan de cualquier rincón de la Comunitat Valenciana y desfilan en todos los actos de las comisiones falleras.

Como contrapunto están los petardos, con las secuencias armónicas, incluso melodiosas, de las mascletaes y los castillos de fuegos artificiales, y el ruido de los disparos de los típicos masclets o las bombetas que lanzan contra el suelo los más pequeños.

El ruido de petardos amanece pronto con las «Despertaes», una tradición fallera en el que los miembros de cada comisión (hay más de 380 solo en València) recorren las calles del barrio y despiertan a los vecinos con los tradicionales «Trons de bac», un petardo sin mecha que se explota lanzándolo al suelo.

Un grupo de personas disfruta de la típica repostería valenciana fallera, buñuelos y churros con chocolate. EFE/Kai Försterling

Gusto

El alimento por excelencia de las Fallas es el chocolate con churros o con buñuelos -especialmente si son de calabaza, los más apreciados-, que se pueden degustar en cualquier rincón de la ciudad en los locales callejeros instalados por doquier y en los que también hay porras y todo tipo de especialidades de masas fritas.

Pero tampoco se puede olvidar la típica paella valenciana, uno de los platos que más se piden en estas fechas en los restaurantes de la ciudad, con casi todo el aforo ya completo desde hace días.

Varias falleras lucen sus vestidos con telas ‘espolín’ multicolores EFE/Kai Försterling

Tacto

Lo más fallero que turistas y visitantes tocan durante estos días son los petardos, en sus diferentes modalidades. Sean salidas, trons de bac, masclets o las típicas bombetas infantiles, es indispensable tirarlos al suelo con la mano o encender la mecha.

Y no faltan turistas que, con recato y como quien no quiere la cosa, acercan sus manos a los vistosos trajes de valenciana cuando pasan a su lado para comprobar la excelencia de sus tejidos y la suavidad de la seda que protagoniza este atuendo de fiesta, pues durante estos días rara es la vía por donde no desfilan en un continuo pasacalles de orgullo por la tradición, la familia y la comisión a la que se pertenece.

… y que nadie se lo pierda

Este año, las fallas municipales de València (las de la plaza del Ayuntamiento, la grande y la infantil) ofrecen explicaciones adaptadas para personas con discapacidad auditiva, visual o intelectual con la implantación de sistemas aumentativos (hablar con pocas palabras), alternativos (no pueden hablar con su voz) y también en lengua de signos con subtítulos.

La Dirección General de Personas con Discapacidad del Ayuntamiento ha sido la encargada de llevar a cabo esta iniciativa, que trabaja para buscar la inclusión de todos en la fiesta. Para que nadie se la pierda.