Madrid, 11 nov (EFE).- El Museo Arqueológico Nacional (MAN) expone desde este lunes una colección de cinco caras humanas finamente talladas en piedra hace más de 4.500 años. Son los primeros rostros humanos hallados de Tarteso. Se trata de un pueblo protohistórico que comerciaba con los fenicios desde Huelva y Cádiz y que dejó un importante enclave en Badajoz.
“De los tartesos habíamos visto joyas, relieves de animales y plantas, pero jamás nos habían mostrado sus caras», ha asegurado la presidenta extremeña, María Guardiola.
Junto al ministro de Cultura, Ernest Urtasun, han participado en la inauguración de la Sala de Novedades Arqueológicas del Museo Arqueológico Nacional, en Madrid.

Hallazgo
La sala, que mostrará los hallazgos arqueológicos que se vayan sucediendo en España, se ha estrenado con la exhibición ‘Rostros de Turuñuelo’. Estas piezas fueron halladas en 2023 en el yacimiento de Casas de Turuñuelo, en Guareña (Badajoz).
Con estos hallazgos, Extremadura “se ha convertido en el puente que conecta dos mundos y aporta luz y claridad en la oscuridad de ayer”, ha señalado Guardiola. Asimismo, ha mencionado los numerosos frutos que están aportando varias excavaciones en la zona.
Tras ser excavados, los rostros fueron remitidos al departamento de investigación del Instituto de Patrimonio Cultural de España. Antes de regresar a Extremadura para su estudio por los arqueólogos que los hallaron, han sido prestados al Arqueológico. Ahora se podrán ver hasta el próximo 2 de febrero.
Para el ministro, esta iniciativa es muestra de una magnífica colaboración entre instituciones autonómicas y nacionales, y “no hay nada que me guste más que una buena colaboración institucional y que la cultura siempre vaya por delante de todo”, ha dicho.
Extremadura
El codirector de la excavación, Sebastián Celestino, ha explicado que entre finales del siglo V y comienzos del siglo IV a.C. fueron destruidos ritualmente. También se sellaron una serie de edificios monumentales situados en el curso medio del río Guadiana, en Extremadura.
En 2014, la excavación en Casas de Turuñuelo sacaron a la luz una de estas imponentes construcciones que resultó ser posiblemente un templo de dos plantas. En este edificio se celebró un gran banquete y se sacrificó a unos 50 caballos, antes de que las decoraciones fueran “intencionadamente destrozadas”.
Tras la destrucción, el recinto fue incendiado y posteriormente sellado con una gruesa capa de arcilla.
“Fue una destrucción consciente y meticulosa, como demuestra el hecho de que todas las caras, las ánforas, las vajillas… estén rotas en pequeños fragmentos”, asegura Celestino, quien subraya que, pese a la destrucción, los rostros “puramente mediterráneos” impresionan por su belleza.