Celia Agüero |
Llanos de Penagos (EFE).- A los pies de los Valles Pasiegos, entre el suave balido de las alpacas y el aroma del campo, 150 mujeres aguja en mano se han dado cita en la granja de Alpacas de la Tierruca, en Penagos, para celebrar las primeras ‘CrochetOlimpiadas’.
Se trata de una peculiar competición que, con motivo del Día Mundial del Ganchillo, transforma el arte del croché en una fiesta colectiva.
La iniciativa está impulsada por La Trece14, el proyecto de Beatriz Bolado y Carolina Casas.
Son dos artesanas cántabras con sede en Sarón, que han decidido llevar su pasión más allá de los escaparates de su mercería.
Su propuesta no solamente ha prendido como lana entre agujas.
En estas ‘Olimpiadas’ ha reunido a 150 personas, de las que 60 se han enfrentado en una competición amistosa dividida por niveles.
El croché, también conocido como ganchillo, es una técnica textil que utiliza una aguja corta y con un gancho en la punta para crear tejidos a partir de hilos o lanas.
A diferencia del punto tradicional, que requiere dos agujas, el croché se trabaja con una sola.
Y ello permite una gran variedad de formas, texturas y patrones.
Aunque nació como una labor doméstica, hoy es un arte en auge que mezcla tradición, diseño y comunidad.
Competición con alma rural
Durante dos intensas horas, las participantes se han enfrentado a tres pruebas de ganchillo en distintos niveles y una prueba libre de punto con dos agujas.

La marca de hilaturas de Brasil ‘Círculo’ ha proporcionado hilos y patrones para el reto de ganchillo a todas las participantes de la competición.
Y quienes han elegido la modalidad de punto pudieron tejer a su ritmo con fibras naturales de las propias alpacas de la granja.
Esta primera edición de las ‘CrochetOlimpiadas’ ha contado con mujeres de distintas edades.
Algunas eran veteranas en el arte del ganchillo y otras recién llegadas al mundillo, concentradas, contando puntos, repasando esquemas, riendo entre fallos y ovillos.
Un jurado se ha encargado de valorar cada pieza por su ejecución y pulcritud, y se han otorgado premios en cada categoría.
Pero más allá de los galardones, lo que se ha celebrado ha sido la destreza compartida, la tradición reinventada y la alegría de crear con las manos.
Tejer comunidad (y merendar también)
La granja de Las Alpacas de la Tierruca, situada en Llanos de Penagos y que desde 2012 trabaja de forma ecológica y sostenible, se ha convertido por unas horas en el epicentro de una fiesta tejida con mimo.
Quienes no participaron en la competición también han podido acercarse para disfrutar del ambiente.
Y también para conocer a las tejedoras y vivir de cerca esta jornada única.
Como broche de oro, la tarde ha concluido con una merienda campestre.
Lo que ha empezado como una idea divertida para celebrar el croché ha acabado convirtiéndose en un evento que, seguramente, tendrá nuevas ediciones.
Y ello, porque pocas cosas hay más poderosas que el hilo que une a quienes crean con las manos.