Lluís Lozano |
Madrid (EFE).- En el momento en el que les llega una denuncia, los agentes del grupo Cronos de la Jefatura Superior de Policía de Madrid saben que comienzan una carrera contrarreloj. Cada minuto cuenta si quieren llegar a tiempo de detener a las bandas de ladrones de relojes, rápidas, itinerantes e internacionales.
Casi siempre son más rápidos que ellos, pero si no lo consiguen corren el riesgo de que el botín ya haya salido del país, o que ellos mismos se encuentren a cientos de kilómetros del lugar de los hechos.
«Es un poco como un juego verbal, porque roban relojes y nosotros jugamos con el tiempo. Que se deshagan tan rápido de los relojes es un hándicap», explica a EFE la subinspectora Nerea García.
Grupo Operativo de Investigación Zonal (GOIZ) Cronos
El inspector Ángel Sánchez, jefe del Grupo Operativo de Investigación Zonal (GOIZ) Cronos, le toma la palabra: «Y porque, depende de la nacionalidad de la banda, cometen el hecho y se van. Algunos están una semana, otros tres meses y otros están más asentados, y la prisa en las investigaciones también depende de eso».
Ahora, un año y tres meses después de su formación, un rápido vistazo a una denuncia les basta para saber a qué tipo de ladrones se enfrentan. Pero en mayo de 2023 eran una docena de agentes procedentes de otras unidades que empezaban de cero.
«Un local vacío, unas mesas, los ordenadores sin montar… Lo que hicimos fue leer mucho sobre el tema, denuncias y atestados anteriores. Generar inteligencia, como lo llamamos nosotros», recuerda Sánchez sobre aquellos primeros días.
De las ocho operaciones de la segunda mitad de 2023 a las 16 del primer semestre de este año, un alto porcentaje de ellas -entre el 80 y el 90 por ciento, estima el inspector- se han cerrado con éxito.
En la última operación que han llevado a cabo, en julio, detuvieron a cinco argentinos a los que se le acusa del robo de ocho relojes valorados en cerca de medio millón de euros, siete este verano y uno en 2023.
Y es que es durante los meses estivales -aunque en invierno no es que cesen- cuando más actúan estas bandas. ¿El motivo? Hace calor, la gente se pasea en manga corta y los relojes de lujo saltan a la vista.

Argentinos, napolitanos y venezolanos
Buscando el verano vienen, precisamente, las bandas formadas por ladrones argentinos. Dejan atrás el invierno del hemisferio sur, aterrizan en Oporto o París y cruzan la frontera española por vía terrestre con la intención de pasar inadvertidos.
Según señalan a EFE fuentes policiales, aprovechan los 90 días que pueden permanecer en España sin visado para hacer campañas delictivas en varios puntos del país: tal vez estén una semana en Madrid, pero no tardarán en buscar víctimas en otros lugares como Málaga, Ibiza, Barcelona o Mallorca.
La forma de actuar más común de los argentinos
Por lo general, su forma de actuar no dista mucho de esta. El más experimentado, vestido para mimetizarse en un ambiente de lujo, se pasea buscando una pieza golosa; cuando la encuentra, «marca» a su víctima -le hace una foto, por ejemplo- y le pasa la información a sus compañeros.
Estos no tardarán en llegar al lugar indicado: uno se apea de la moto, normalmente de gran cilindrada, y, con más o menos violencia e intimidación, intenta arrebatarle el reloj con un golpe de muñeca. Sea cual sea el resultado, rápido a la moto y a la fuga antes de que llegue la Policía.
Modus operandi de los venezolanos
Más o menos igual trabajan las bandas de venezolanos, otros de los habituales. Sin embargo, a diferencia de sus homólogos argentinos, estos están asentados en Madrid y la mesura a la hora de amedrentar a sus víctimas brilla por su ausencia.
Es frecuente que empleen armas de fuego para golpearles o para amenazarles, aunque no suelen disparar. Y, lejos de las grandes motos, optan por otras más pequeñas tipo «scooter»: son pistas que los agentes del grupo Cronos pillan al vuelo y que les dan una ligera ventaja en su carrera contra el crono.
Los napolitanos
Más fácil de discernir es cuando se trata de los napolitanos. Saben que un buen coche puede ir conducido por una muñeca con un buen reloj, así que aprovechan los semáforos para buscar las piezas más codiciadas y cometer los robos.
Primero pasa una moto y le descoloca, adrede, el retrovisor al coche del objetivo. Solo queda esperar a que el conductor, molesto, baje la ventanilla, saque el brazo -y el reloj- y que los pasajeros de una segunda moto hagan el resto.

El crisol de nacionalidades lo completan las bandas de marroquís, los más escurridizos y farragosos de investigar, y las de Europa del este, de las pocas en las que participan mujeres: los suyos suelen ser los conocidos como «robos amorosos» y sus víctimas, personas de edad con posibles.
Este ir y venir de ladrones puede suponer un problema para las investigaciones, en las que surgen caras y nombres nuevos, que se solventa con la colaboración internacional. Las policías de Argentina, Venezuela e Italia -sobre todo la Squadra Mobile napolitana- no dudan en echarles un cable a miles de kilómetros.
La operación Valentino
El marcador, el ejecutor del robo, el conductor de la moto, el encargado de la logística… Cada miembro de las bandas, formadas por hombres de entre 18 y 60 años aproximadamente, está especializado en algo.
Llaman la atención, sobre todo, los que son capaces de identificar los relojes de un simple vistazo. ¿Cómo saben qué modelo es, en cuánto están valorados, si no son una imitación? «Aprenden como aprende el que sabe de coches: revistas, páginas web y tutoriales. Es un arte, y se equivocan muy poco», admite Sánchez.

Los relojes más valiosos
Si pueden elegir, prefieren los Patek Philippe, cuyo valor no baja de los 30.000 euros. Tampoco le hacen ascos a los Richard Miller o a los Rolex, especialmente alguno de sus modelos más exclusivos como el Daytona, apuntan las citadas fuentes policiales.
A la hora de elegir el perfil de la víctima no son tan meticulosos. «Si ven un reloj de 100.000 euros se les nubla la vista y les da igual que sea nacional o turista, que mida dos metros o que sea una mujer», asevera el jefe del grupo.
Cómo escapan
Con el botín en la mano, apremia la necesidad de darle salida. Hay quienes usan mujeres como «mulas» que una hora después del robo ya están subiéndose a un avión, apunta la subinspectora García, y hay otros que los colocan en establecimientos de compraventa del centro de la ciudad.
Aunque hay ocasiones en las que no les da tiempo a nada eso y tienen que tirar de imaginación para esconder los relojes. A principios de junio, Sánchez y García se enfrentaron a otra banda de jóvenes argentinos que robaron un reloj de 80.000 euros en el distrito de Chamartín.
Los tenían bajo el radar desde que la mañana anterior entraran en España y poco después del robo tres de ellos ya estaban detenidos. Al registrar sus pertenencias no encontraron nada, pero cuando pasaron una de sus zapatillas por el escáner observaron que el reloj estaba escondido en la suela.
Dos de los ladrones lograron escapar, pero no tardaron en localizarles en Barcelona. Los agentes del grupo Cronos decidieron bautizar la operación en honor al expiloto de MotoGP Valentino Rossi: apenas tardaron seis horas en recuperar el reloj y dejar el caso prácticamente resuelto, casi tan veloces como el italiano.