Miguel Álvarez |
Isla de San Simón (Pontevedra) (EFE).- La isla de San Simón ha quedado en silencio este domingo después de tres días de magia y, aunque el Sinsal ha terminado, su luz no deja de brillar en la memoria de los asistentes al festival.
La decimoquinta edición del Sinsal ha concluido con un nuevo éxito después de tres días con un cartel secreto, hasta el desembarque del público, que no ha decepcionado en ningún momento.
El festival lo tiene todo: un escenario único en las islas de San Simón y San Antón, memoria del pasado, compromiso con el futuro y, sobre todo, mucha música de vanguardia, con doce estrenos en España en esta ocasión.
Los ochocientos asistentes diarios confiaron en la programación cuando compraron sus entradas hace meses y salieron tan encantados como sorprendidos por lo vivido.
Lo que ocurre entre las dos islas está lleno de magia: fueron un lazareto durante muchos años y conservan de aquella época los árboles con propiedades medicinales contra el cólera.
En su memoria están más cosas, pues también fueron un campo de concentración franquista, estuvieron a punto de albergar el primer aeropuerto para hidroaviones de Galicia en la década de 1920 e, incluso, San Simón es uno de los destinos del Nautilus, el mítico submarino del escritor francés Julio Verne, en la novela ‘Veinte mil leguas de viaje submarino’.
Porque lo bueno que tiene la magia es que, quien la prueba, quiere más y el encantamiento no hace más que crecer.
Y ese conjuro tan gallego es lo que hechiza el Sinsal y hace de una música, desconocida para muchos, el hilo conductor de unas jornadas en las que el público familiar disfruta hasta que cae el sol.
Pues el festival solo se celebra en horario diurno, dentro de uno de sus múltiples compromisos medioambientales, con los que en esta edición busca también minimizar la basura que genera.
Esa fusión de elementos casi alquímica es lo que hace que el evento sea único en todos los sentidos y que el público pueda vivir una experiencia irrepetible y exclusiva, que completan una gran oferta gastronómica y otras iniciativas que se celebran a la vez que suena la música en los distintos escenarios.
Música de vanguardia, incluso con frutas
Entre las actividades paralelas más curiosas está Do, re, Bip, un taller con Juanma LoDo sobre lo que se esconde detrás de los aparatos electrónicos sonoros, como las cajas de ritmos o los sintetizadores, además de otros términos de la música electrónica.
Su idea es transportar al público, que es en gran parte infantil, a la creación musical: «Llevar el estudio al directo», explica Juanma LoDo a EFE.
Y, como curiosidad, crean instrumentos con frutas, a las que enganchan sensores con los que luego, a través de la percusión, son capaces de producir melodías.
En esta última jornada, además de esta actividad, han tocado Rocío Guzmán (Andalucía), Bitoi (Suecia), Arsenal Mikebe (Uganda), Dog Race (Reino Unido), Fin del Mundo (Argentina), Uche Yara (Austria) y Asmâa Hamzaoui & Bnat Timbouktou (Marruecos).
Tres días de magia que han estado plagados de sorpresas y emociones. Tres días de risas. Y muchas ganas de repetir. Toca un año de espera. Doce meses, pero la llama no dejará de brillar y el público no deja de soñar. EFE