Logroño (EFE).- El alcalde de la capital riojana, Conrado Escobar, ha pedido a la patrona de la ciudad, la Virgen de la Esperanza, que «el peregrinar de la esperanza llegue a esos rincones hermanos de Logroño y asaltados por la desesperanza».
«Con el corazón de logroñés, te pido que abras la ventana de la esperanza a los que aquí estamos, a los que dudan, a los que se alejan y a los que sufren», ha añadido durante su ofrenda en la iglesia de Santiago el Real a la alcaldesa mayor de Logroño, en el día en que se conmemora su festividad y se cumplen 75 años de su proclamación como patrona.
La ofrenda se ha celebrado antes de la procesión, que ha reunido a varios miles de ciudadanos en las calles del Casco Antiguo de la ciudad, entre ellos, los presidentes del Gobierno de La Rioja, Gonzalo Capellán; y del Parlamento riojano, Marta Fernández.

Desde Jerusalén a Gaza
Escobar a recordado al “doliente» Sáhara africano, «un continente violentado y convulso»; y a la ciudad hermana de Somoto en Nicaragua, «una población abrumada y perseguida».
Ha dicho que tiene presente al pueblo ucraniano y a los que «ya conviven en paz con nosotros», a los que ha transmitido su «fraternal solidaridad y el deseo de libertad y paz».
«Hoy clamamos contra el sufrimiento, por la convivencia y la paz en ese Oriente en conflicto. Desde Jerusalén hasta Gaza», según el acalde, por «el entendimiento de personas y pueblos porque Dios no es excusa para la guerra, sino mandato de concordia y de dignidad humana».
Refugiados y mayores
También se ha referido a que «hoy peregrinamos en tu día, desde Logroño, a tantas guerras absurdas suplicando tu esperanza de paz» y «peregrinamos con los refugiados, con quienes no encuentran razones para caminar, con quien duerme en la calle, en un cajero o en la Glorieta».
Ha denunciado «la soledad dolorosa de muchos mayores, de nuestros niños en una sociedad digitalizada, pero aislada en lo humano».
Por último, ha pedido a la alcaldesa mayor de Logroño ayuda para «sentir esa mirada sincera del corazón, esa mirada sin límites, ni etiquetas, ni pantallas»; «sonreír, abrazar, agradecer, interesarnos por el cercano y por el lejano, pedirte ayuda siempre, a romper la indiferencia».