Eduardo Palacios |
Logroño (EFE).- La disfagia reduce la calidad de vida en España de más de dos millones de personas que no pueden disfrutar de la alimentación como el resto de las personas, ante lo que algunos especialistas médicos buscan una alianza con cocineros para ofrecer más posibilidades a estos enfermos.
Avanzar en esa colaboración es uno de los objetivos de la jornada nacional sobre disfagia que se va a celebrar en Logroño el próximo 12 de diciembre, coincidiendo con el día internacional de esta patología.
Esta enfermedad «está más extendida de lo que parece y que en muchos casos no se diagnostica porque quien la sufre se limita a comer prácticamente solo purés» o a reducir la ingesta de alimentos «hasta llegar a la desnutrición», ha dicho a EFE Isabel Girauta, enfermera especialista en nutrición y una de las responsables de organizar esta jornada nacional en el Hospital Universitario San Pedro de la capital riojana.

Detrás de una simple definición de esta patología, en la que se dice que es la dificultad al tragar, puede haber una serie de problemas muy complejos, neurológicos principalmente, o musculares, que hacen que los músculos de la garganta no trabajen de forma correcta y que no se puedan ingerir alimentos sólidos «aunque también hay casos en los que no se puede beber líquidos», detalla.
«Hasta hace relativamente poco esta enfermedad apenas se conocía como tal y por eso había poca formación, pero se ha avanzado al comprender que es algo que puede llegar como consecuencia de otras cosas, como la ELA, algunos tipos de cáncer o un ictus», explica, aunque también ha visto situaciones en los que se trata de «una fobia a tragar alimentos».
En todos esos casos «es muy triste ver cómo se reduce la calidad de vida de las personas, desde las que no comen más que unos determinados alimentos, a las que tienen que recibirlos directamente en el estómago», en los casos más graves.
Tratamiento individualizado
La disfagia requiere un tratamiento individualizado, porque las características son diferentes en cada persona, explica Girauta.
Pero en muchos casos los pacientes logran alimentarse con cierta normalidad si se modifica la textura de lo que comen «y se asimila a una especie de miel», detalla.

Las personas que están en esa situación «tienen problemas para comer fuera de su entorno, no pueden ir un restaurante que no esté preparado» y por eso quieren avanzar en un proyecto que supondría distinguir a los establecimientos que preparen platos especiales con esa textura «pero con a apariencia de productos normales».
Por ejemplo «se trata de ofrecer croquetas, con apariencia de croquetas, pero por dentro con la textura necesaria para quien tiene disfagia».
Cocineros cómplices
Ya hace años se puso en marcha en Cuenca una iniciativa para que personas con disfagia, especialmente enfermos de Párkinson, pudieran acudir a algunos restaurantes en los que se preparaban platos especiales para ellos con las características necesarias pero una apariencia «normal».
Uno de los objetivos de esta jornada es avanzar en esa iniciativa y que la experiencia piloto conquense se extienda por toda España, para mejorar la calidad de vida de estos enfermos.
Por eso van a buscar la complicidad de cocineros riojanos y de otras regiones para crear un «distintivo» para los establecimientos que ofrezcan este tipo de productos para enfermos de disfagia «y así mejorar aunque solo en un detalle la calidad de vida de muchas personas que de esta forma podrían salir con su familia a comer, algo tan sencillo que apenas pueden hacer».