Logroño (EFE).- Voluntarios del Teléfono de la Esperanza de Logroño acompañan a 45 personas esta Nochebuena con una cena con velada navideña con el objetivo de mitigar la soledad.
María, una de las siete voluntarias de esta entidad que colabora en la tercera edición de la iniciativa ‘A tu lado’, ha dicho a EFE que «cada vez hay más situaciones de soledad no deseada» entre la población.
Gracias a un local cedido por la promotora inmobiliaria Samaniego, y la colaboración de cocineros del grupo Eurotoques y otros patrocinadores, casi medio centenar de personas podrán cenar esta noche acompañados.

Esta voluntaria ha explicado que los asistentes son migrantes que viven lejos de su familia, personas mayores que no tienen allegados cercanos, padres y madres separados a quienes les toca pasar las fiestas sin sus hijos y familias que viven en una habitación en un piso compartido y no tienen posibilidades de organizar una cena tradicional.
Además, ha detallado, ahora las familias ya no son extensas como antes, cuando la tradición era juntarse muchos parientes para celebrar las comidas y cenas navideñas.
Tras la cena, muchos de los asistentes estrechan lazos, intercambian teléfonos y quedan para otras ocasiones, ha añadido.
«Algo te mueve por dentro»
Colaboradora habitual en el Teléfono de la Esperanza, cuando María conoció el proyecto ‘A tu lado’ sintió «el impulso» de colaborar, porque, para ella, «es importante que nadie se sienta sola en una noche considerada tan familiar».
«Ver el agradecimiento de la gente, después de una noche tan bonita, en la que los asistentes han podido conectar, te mueve por dentro», ha relatado, lo que le animó a repetir en las siguientes ediciones.

Para ella, trabajar como voluntaria es «algo que no se puede describir» y supone una «satisfacción interior» por haber aportado «un granito de arena», que, sin embargo, es muy importante para algunas personas.
En una sociedad tan consumista e individualista, María considera que se debería «dar una vuelta» a la parte solidaria que hay en cada persona, porque nadie está exento de necesitar a otros a lo largo de su vida.
«La dana de Valencia ha demostrado que, de un día para otro, tu vida cambia y te puedes quedar literalmente en calle, sin hogar, ni trabajo», ha reflexionado.