San Vicente de la Sonsierra, (EFE).- Doce discipliantes recorrieron en Jueves Santo las calles de San Vicente de la Sonsierra, en La Rioja, para revivir la tradición medieval de Los Picaos, en una procesión seguida por una multitud.
Esta tradición se rememora desde finales del siglo XV, y además de en Semana Santa se celebra el primer domingo de mayo y el 14 de septiembre o el domingo siguiente a ese día.
El ritual, organizado por la Cofradía de la Vera Cruz, comienza en Jueves Santo cuando las personas que han decidido «picarse» en señal de penitencia se dirigen a la sede de esta entidad para comunicar su intención de ser «picaos».
En esta ocasión han sido 12 los que han decidido seguir esta ancestral tradición, que prácticamente es la única que queda en España en la que se «disciplina».
Junto a cada uno de ellos un miembro de la cofradía ha realizado el recorrido como «práctico», que pincha poco a poco los hematomas que se han producido en la espalda, para que la sangre mane de cada uno de ellos.
Todo bajo la atenta mirada de miles de personas de personas, que han tratado de mantener el silencio respetuoso ante los protagonistas de esta tradición que se remonta al menos al siglo XVI ya que los estatutos de la Cofradía se remontan a 1551, aunque hay documentos que la citan ya en 1524 e incluso otros anteriores en los que se habla de los disciplinantes.

Este Jueves Santo, como desde hace siglos, los doce disciplinantes se han vestido con un hábito, han ofrecido su disciplina y han descubierto su espalda para iniciar el recorrido en el que con un madeja de hilos se han golpeado alrededor de mil veces, lo que les causa hematomas que deben ser pinchados para sangrar.
El utensilio que tradicionalmente se utiliza para «picar» se denomina «esponja» y consiste en una bola de cera virgen con 6 cristales incrustados de dos en dos, de manera que cada disciplinante recibe 12 pinchazos.
Para finalizar, ya de nuevo en la sede de la cofradía se lavan las heridas de cada disciplinante, que abandona el lugar de forma anónima.