Fotografía cedida por Instituto Mamirauá de un grupo de científicos examinando delfines rosados de la Amazonía de Brasil. EFE/ Adriano Gambarini/ Instituto Mamirauá

Exámenes médicos y GPS para salvar al delfín rosado amazónico de otra sequía letal

Por Jon Martín Cullell |

São Paulo (EFE).- Un grupo de científicos se esfuerza por examinar el estado de salud de los delfines rosados de la Amazonía brasileña y colocarles GPS ante el temor de que la sequía que atraviesa la región cause estragos en esta especie ya amenazada de extinción.

Con una reducción diaria de 30 centímetros en el caudal, el vasto lago Tefé, situado en las profundidades de la Amazonía y uno de los hábitats predilectos de estos animales, está en alerta amarilla.

El nivel del agua ya se ubica en los mismos niveles que a finales de septiembre de 2023, cuando los investigadores se toparon con un hecho sin precedentes: 209 cadáveres de delfines, entre rosados y grises, un 15 % de la población total estimada en el lugar.

“Creo que este año las condiciones de la sequía van a ser más intensas”, afirma por videoconferencia con EFE Miriam Marmontel, investigadora del Instituto Mamirauá con 31 años de experiencia en el lago.

Prevenir para garantizar el futuro del delfín rosado

Aunque el agua del Tefé aún no ha alcanzado los abrasadores 40,9 grados Celsius del año pasado, este centro de investigación ha empezado a tomar medidas para tratar de evitar una repetición de la tragedia.

Durante el mes de agosto, equipos de científicos han recorrido el Tefé en busca de delfines para someterlos a un examen médico completo.

No es un procedimiento sencillo. Lo primero es conducir a los animales lo más amablemente posible y con la ayuda de redes hasta la orilla del lago, momento en que son colocados sobre una especie de colchón húmedo.

Fotografía cedida por Instituto Mamirauá del 19 de agosto de 2024 de un grupo de científicos examinando un delfín rosado en la Amazonía de Brasil. EFE/ Adriano Gambarini/ Instituto Mamirauá
Fotografía cedida por Instituto Mamirauá del 19 de agosto de 2024 de un grupo de científicos examinando un delfín rosado en la Amazonía de Brasil. EFE/ Adriano Gambarini/ Instituto Mamirauá

En un máximo de 40 minutos para evitar que el delfín se sienta mal, los científicos miden, pasan un aparato de ultrasonido por la panza, realizan biopsias de heridas y practican exámenes hematológicos.

Además, les colocan transmisores satelitales en la aleta dorsal que dan información sobre sus movimientos, la profundidad y la temperatura del agua donde nadan.

“Es especialmente importante después del episodio del año pasado para que podamos entender si están buscando aguas más profundas para refrescarse o saber por qué se quedan en áreas más calientes”, afirma Marmontel.

Número inédito de muertes

Una de las hipótesis para explicar el número inédito de muertes durante la sequía de 2023 es que el aumento de la temperatura del agua causó una alteración neurológica en los animales que los desorientó y que les impidió salir del área más caliente.

La rapidez con la que ha disminuido el nivel del Tefé ha obligado a los científicos a interrumpir antes de tiempo los exámenes médicos a los delfines, porque estos se alejan de las orillas y es más difícil atraparlos.

Fotografía cedida por Instituto Mamirauá del 19 de agosto de 2024 de muestras recolectadas por un grupo de científicos a delfines rosados de la Amazonía de Brasil. EFE/ Adriano Gambarini/ Instituto Mamirauá
Fotografía cedida por Instituto Mamirauá del 19 de agosto de 2024 de muestras recolectadas por un grupo de científicos a delfines rosados de la Amazonía de Brasil. EFE/ Adriano Gambarini/ Instituto Mamirauá

El plan ahora es hacer rondas por el lago para vigilar el comportamiento de los animales e intervenir en cuanto sea necesario.

Marmontel apunta a la posibilidad de que los delfines que murieron el año pasado fueran los más débiles y que los restantes resistan mejor y hayan aprendido cómo escapar de las aguas calientes, pero no se confía.

En caso de emergencia, una de las ideas es conducirlos con grandes redes hasta la salida del lago y hacia aguas más profundas y frías río abajo, y luego colocar una valla para impedir que regresen.

“No queremos limitarnos a contar los cadáveres, queremos evitar las muertes”, cierra Marmontel.