Tras bajar 763 escalones, los visitantes pueden contemplar el Faro del Caballo y el enclave natural del Parque Natural de las marismas de Santoña, Victoria y Joyel. EFE/Miguel Ramos

El Faro del Caballo de Santoña limita su acceso

Santoña, 7 jul (EFE).- Las limitaciones de acceso al Faro del Caballo de Santoña han comenzado el primer semana de julio para garantizar la seguridad y evitar aglomeraciones de turistas.

Este espacio recibe, desde hace años, de forma masiva durante la temporada estival para disfrutar gratis de este enclave natural.

La limitación, impulsada desde las administraciones y aplaudida por los vecinos en general, ha sorprendido por «desconocimiento» a algunos de los visitantes que se han tenido que dar la vuelta «resignados».

«Es una faena llegar hasta aquí tras casi una hora de caminata por un terreno escarpado y no poder pasar», lamenta uno de los afectados, que tampoco se percató de la existencia de carteles en el inicio del trayecto en los que se advertía de ese nuevo requerimiento.

Otros se han conformado con divisar, desde lo alto de un mirador, los imponentes 763 escalones que les separaban del Faro del Caballo y sus cristalinas aguas, o proseguir la ruta por el monte Buciero para admirar los secretos de este paraje del Parque Natural de las Marismas de Santoña, Victoria y Joyel.

Los más avispados, sobre todo, oriundos de la comarca y asiduos a esta zona de la Cantabria oriental o, incluso, procedentes de otras comunidades autónomas, ya traían los deberes hechos de casa y portaban las preceptivas reservas.

Calendarios y franjas limitadas

Hasta el 31 de agosto la entrada al Faro del Caballo sólo estará permitida a quienes previamente hayan rellenado un formulario en la web de Turismo municipal, también accesible mediante un código QR en el inicio de la ruta y en el acceso.

Entre las diez de la mañana y las ocho de la tarde se han establecido franjas de dos horas limitadas a un centenar de visitantes, de modo que por cada jornada podrán asistir un máximo de 500 personas.

Fuera de esos horarios no existe ningún control y cualquiera puede bajar hasta el faro sin restricciones.

El personal de Naturea Cantabria, asociación que colabora con el Gobierno regional en la dinamización los espacios naturales protegidos, se está encargando de controlar los accesos y también de informar a los usuarios de las particularidades de la ruta.

«Hay algunos que vienen en chanclas, sin agua ni víveres, porque se piensan que la experiencia es caminar por un paseo marítimo», explican desde Naturea.

Esas recomendaciones estarán acompañadas por una cartelería en la que se detallarán las prohibiciones y las sanciones por hacer un uso inadecuado de las instalaciones, como tirar basura, hacer fuego o pintadas, pernoctar, o zambullirse entre sus aguas.

No en vano, dada la particularidad del terreno, en los últimos años se han producido rescates por mar y aire de personas que se han tirado al mar para bañarse y luego no han conseguido subir a tierra o han sufrido algún tipo de lesión en el trayecto hasta el faro.

En busca del turismo sostenible

El control de los accesos, según sostiene el alcalde de Santoña, Jesús Gullart, era una demanda de antaño que ha cobrado forma después de «trabas burocráticas».

En su opinión, servirá para fomentar un tipo de turismo sostenible que minimice el impacto medioambiental y disminuya el número de accidentes y afecciones al entorno.

Imagen de archivo del Parque Natural de la Marismas de Santoña, Victoria y Joyel, otro de los atractivos naturales y túristicos de Santoña. EFE/Miguel Ramos

Frente a la demanda de «más información» sobre el estreno de esta particularidad, el alcalde ha argumentado que «desde el año pasado» ya existía un «proyecto piloto» para formalizar las visitas al Faro del Caballo, que supervisaban de «forma aleatoria» técnicos de la Dirección de Montes de Cantabria.

Enclave natural protegido

El Faro del Caballo, sin servicio desde 1993, está en uno de los humedales más importante del norte de España y catalogado como Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) y de importancia internacional por el Convenio Ramsar.

Por ello, hace trece años se firmó un convenio a tres bandas entre la Autoridad Portuaria de Santander -que cede el uso del terreno-, el Gobierno de Cantabria y el Ayuntamiento de Santoña para limitar el número de personas que acuden a la instalación en temporada alta.

En 2023, se acometieron actuaciones de acondicionamiento para arreglar el desgaste de los peldaños, mejorar los pavimentos, mayor seguridad del entorno y para la eliminación de graffitis.

Todo ello con el objetivo de que los visitantes disfruten del espacio natural protegido de una manera regulada y lo mantengan en perfecto estado de conservación.