El escritor y periodista Carlos Augusto Casas. EFE/Jesús Diges

Casas, escritor: «Me siento más libre con la ficción, toco temas que no permiten los medios»

Pamplona (EFE).- El escritor y periodista Carlos Augusto Casas (Madrid, 1971) optó por especializarse en periodismo de investigación, unos conocimientos que le han sido muy útiles a la hora de escribir novela negra y cuando escribe ficción reconoce sentirse «más libre», ya que le permite tratar temas «que no permiten los medios».

Este martes interviene en una mesa redonda del festival Pamplona Negra, un ciclo dedicado al género negro tanto de literatura, cine, teatro y gastronomía, y antes de su cita con el festival ha encontrado un hueco para hablar con EFE sobre su literatura, el periodismo y el poder.

El coloquio lleva por título ‘El mundo de El padrino: Mafias y juegos de poder’, que tratará sobre los “numerosos nuevos padrinos que existen en la realidad, sin ser tan evidentes como los de la película”, en la que hablará también sobre su última novela, La ley del padre.

El dinero y el poder

Su historia se centra en una familia en la que el patriarca es un exitoso empresario en el sector de los medios. “Posee varias empresas de comunicación y utiliza dicha red para llevar a cabo negocios ocultos, influyendo a nivel político y económico a través de los medios”, ha contado.

Una de las novedades que ha descubierto documentándose para la novela es que “en las esferas altas de la sociedad, como en el barrio Salamanca de Madrid, lo que importa no es el dinero, sino el poder”. “Es gente que el dinero forma parte de su vida, viene de generación en generación, por lo que el poder es realmente lo que los diferencia”, ha afirmado.

Mesa redonda del festival Pamplona Negra. EFE/Jesús Diges

Sobre los nuevos padrinos, “podemos sospechar quiénes son, pero normalmente las personas que realmente manejan tanto los hilos económicos como los políticos no son conocidas; suelen mantenerse en un segundo plano”.

La literatura y el periodismo

Su experiencia como periodista le dice que “en nuestra profesión, nos quedamos generalmente en la superficie, y las figuras que se dejan ver, o aquellas que la opinión pública percibe como grandes líderes o del Ibex35, a menudo, no son las que están realmente en la cima”.

En ese sentido, “en un mundo global como el actual, estas figuras tienden a evitar la exposición y son difíciles de identificar”. Por eso “es complicado determinar quién, en última instancia, maneja todos los hilos de una sociedad, y si realmente hay una persona o un grupo de personas detrás de ello”.

Por eso, “me siento considerablemente más libre al escribir ficción, y he elegido la novela negra, principalmente por su componente crítico-social”. “Esta elección me permite abordar temas que, en la actualidad, los medios de comunicación no permiten hacerlo o para los cuales no se tienen pruebas o evidencias suficientes”, ha explicado.

La exigencia de pruebas

Sin embargo, considero “beneficioso para la profesión” el no poder contar ciertas cosas. “Mantengo una postura crítica hacia el estado actual del periodismo, pero creo que la exigencia de hechos y pruebas es fundamental”, ha asegurado.

Así, “creo que tener un sistema legalista como el que tenemos es positivo, aunque esto pueda resultar en que haya personas que salgan a la calle o que haya historias que no se puedan contar, a pesar de saber que son verdaderas, debido a la falta de pruebas”.

En este sentido, “la literatura ofrece una ventaja, al no requerir pruebas y brindar una mayor libertad para escribir y, en algunos casos, ser más salvaje”.

Hacer reflexionar al lector

Asegura también que “en una novela negra hay más verdad que en un telediario”, y ese es el motivo por el que se siente atraído este género.

Sin embargo, “mi enfoque es evitar escribir sobre historias que conozco directamente”. “En mis novelas, intento no incorporar partes de historias que he cubierto como periodista y que no he podido contar completamente; prefiero la ficción”.

Otro de los aspectos que destaca de sus novelas es la oportunidad de hacer reflexionar al lector: “Siempre aflora mi vena la crítica-social, intentando impactar al lector o provocar alguna reacción”. “Busco darle un golpe en la cara para que se conmueva o, simplemente, tome conciencia de la realidad”, ha añadido.