Pamplona (EFE).- Las vacas de Teodoro Vergara han cumplido con la tradición de comportamiento incierto que les acompaña y han llevado la expectación al último encierro del Pilón de Falces. Así, han realizado una salida en falso para volver al corral y finalmente completar en manada todo el recorrido de tan peculiar carrera.
El más largo de los encierros de este año, por las dos salidas de la manada, ha cumplido no obstante con lo deseado. Han aportado emoción sin heridos graves, con tan solo dos atendidos por la DYA este domingo. Uno, con un golpe en la cabeza leve, y otro con una erosión.
El Pilón, de interés turístico
Declarado Fiesta de Interés Turístico en Navarra, el encierro de Falces es un evento que a diario concita a centenares de personas. Se colocan alrededor de una escarpada cañada, de gran pendiente, por la que una manada de 10 vacas bravas baja a gran velocidad hasta el pueblo. Allí son toreadas ya en la forma tradicional de los festejos taurinos de otras localidades.

Para este último día el ganadero local ha configurado una manada de pelaje variado, negro y colorado, y también de experiencia diversa, ya que había vacas nuevas y otras que ya habían debutado en esta cita. Quizá ese ha sido el motivo para que en su primera salida del corral hayan mirado dubitativas al primer vallado con espectadores y se hayan dado la vuelta tras recorrer escasos primeros metros.
Una vez agrupadas en el recinto de lo alto de la loma, se les ha abierto de nuevo la puerta, pero se han mantenido en bloque en un lado sin curiosidad alguna por salir, por lo que se les ha vuelto a encerrar.
A la tercera ha habido encierro
La tercera apertura de la puerta del corral ha sido la definitiva. Azuzadas por los pastores han emprendido la bajada con ritmo algo lento pero constante. La vaca que cerraba el grupo se ha llegado a parar dubitativa, pero inmediatamente ha seguido a la manada.

A partir de aquí se han organizado en fila de a uno para, estiradas pero en bloque al principio, y más desagrupadas conforme avanzaba la carrera y la inercia del descenso la facilitaba, coger velocidad e imprimir emoción al encuentro con los mozos, en un tramo ya con numeroso público en los vallados laterales y en las laderas cercanas.
Con los habituales trompicones y caídas de los mozos han llegado las vacas a la entrada del pueblo. La que cerraba a cierta distancia la manada a punto ha estado de embestir a uno de los pastores que esperaba en ese punto para azuzar el cierre, aunque no ha habido consecuencias.